Yungay
Maria Josefa
(Cuento Andino)
Por: Rosa Ofelia Sáenz Ames de Villón. (desde Lima)
En las vacaciones escolares la mayoría de los estudiantes conchucanos retornábamos a nuestra tierra, salíamos de Yungay muy de madrugada, casi siempre amanecía cuando cabalgábamos por el paraje denominado María Josefa muy cercano a las lagunas de Llanganuco, lugar de gran belleza, con abundante vegetación de queñuales, el camino de herradura iba casi paralelo al río de aguas cristalinas y frías que bajaban bulliciosas.
Cuando pasábamos por esta zona era conversación obligada el tema de MaríaJosefa, todos sabían por tradición que una bella y joven conchucana había tenido un trágico fin por estos parajes, hay varias versiones sobre el caso, en esta oportunidad brevemente les narraré una.
Se dice que María Josefa siendo muy joven había sido obligada ´por sus padres, como era costumbre en esos lugares y en aquellos tiempos a casarse contra su voluntad con un hombre mucho mayor que ella, a pesar que su corazón le pertenecía a un apuesto joven que vivía en el pueblo vecino al otro lado de la quebrada.
Como era de suponer la unión no funcionó pese al esfuerzo de María de ser una buena esposa e hija obediente. Además de gordo, feo y calvo, el marido era sumamente celoso, violento, la maltrataba y golpeaba sin piedad por no sentirse correspondido. Fatalmente de esta forzada unión nació una niña que era el consuelo de la desdichada mujer que cada día se iba marchitando, desamparada y sin tener a quien acudir, una mañana decidió quitarse la vida junto a su vástago, providencialmente al dirigirse a un precipicio no lejos del poblado con ese objetivo, se encontró con el joven que siempre amó.
- ¡No lo hagas por el amor de Dios y de esa niña que tienes en los brazos¡ le suplicó. Huyamos yo te ayudaré. María aceptó el ofrecimiento y sin pérdida de tiempo emprendieron la huida.
El mal marido había ido a un caserío a realizar un trabajo, regresaría todavía al atardecer.
- Tendremos que apurarnos, tenemos unas 6 horas de ventaja, sé que ese monstruo me seguirá, es preciso llegar a Yungay para partir muy lejos, le dijo a su amado.
Al no encontrarla en la tarde se enfureció, vociferó y gritó como una fiera, alguna chismosa que no falta en todo pueblo le dio pormenores de su partida, entonces loco de celos y rabia tomo sus puñales y con la misma emprendió la persecución.
Habían caminado más de 15 horas sin descanso y alimento, habían transmontado la cordillera y las lagunas, María Josefa estaba agotada, ya no podía más, decidieron tomarse un descanso.
Grave error. El monstruo lleno de odio, acostumbrado a recorrer grandes distancias estaba muy cerca, tras sus huellas. Dormían cansados bajo una roca, el joven fue el primero, le tapó la boca y con sus fuertes brazos le quebró el cuello y arrojó su cuerpo al río.
María Josefa pensó que era una pesadilla cuando la bestia la levantó de los pelos y empezó a golpearla brutalmente
- ¡Si no eres mía, jamás serás de nadie! Zorra traidora.
Luego sacó el arma y arremetió contra su indefensa víctima apuñalándola y seccionándola despiadadamente al igual que a su propia hija, luego de su vil acto corrió enloquecido entre los queñuales y alizos.
El cuerpo de la víctima fue hallada en el lugar de los hechos, un viajero que conocía a la mujer la reconoció. Es María Josefa, ¡Dios lo tenga en la gloria¡ el mundo para ella era un infierno, se lamentó.
En memoria de ella fue tomando cuerpo el nombre del paraje, hasta hacerse oficial en todos los mapas turísticos y ser considerado uno de los senderos de caminata más hermosos del mundo. El sendero María Josefa.
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MARIA JOSEFA
(*) Version Julio Olivera Ore
Maria Josefa Chávez Ontaneda, nació en Purhuay, Provincia de Pallasca, el 12 de diciembre del año 1700.
Tenia “el rostro bello ,., una frente amplia y candida como los ángeles, los ojos grises en piadosa imploración, las mejillas como amapolas frescas, la boca como arrobo en flor, el torso exhubero como esculpido en onix y las manos aladas y hóstiales” en suma Maria Josefa era primero “un botón primaveral” y luego “una flor esplendida”, a la que la vida del campo la convirtió en “fuerte y valerosa”.
Cuando tenía 20 años, Maria Josefa se enamoró de Eusebio López de la Vega, un joven botánico, quien muere al retorno de un viaje de estudios en la selva central. La noticia de la muerte de Eusebio la llenó de consternación .
A la muerte de Eusebio, el padre de Maria Josefa “Don Asunción” la comprometió en matrimonio con Carlos Gustavo, un hombre que era un “truhán, prepotente , borracho e impúdico” de una “ personalidad torva y morbosa”.
Ante esta realidad, el 07 de junio de 1730 a las 2 de la madrugada, Maria Josefa huye hacia Yungay en compañía del arriero Don Canuto Castillo. Después una semana de caminata por fin transmontaron el portachuelo y llegaron a la laguna de Llanganuco y cuando ya se dirigían a Yungay el “….súbito eco del trote de una cabalgadura herrada se les acercaba y cada vez mas próximo parecía aterrorizarlos.. Don Canuto volvió atrás la mirada y advirtió la presencia de Carlos Gustavo…”
Maria Josefa trato de huir, pero Carlos Gustavo se interpuso, entonces “trató de aventurarse aventándose a la corriente del río (que baja de Llanganuco)” y en su intento de huir desapareció en el río para siempre.
En homenaje a la doncella ..una hornacina rustica en el cerro y una laja sobre la tumba son bastantes para encender una vela,,,,Y una tierna y pía, dulce y suave tonalidad de santidad angelical flota en el escenario incitando a la pureza y a la fidelidad.”
(*) Resumen de la Obra “La leyenda de Maria Josefa”, escrito por el historiador Ancashino Julio Olivera Ore, 90 paginas, en venta en el INC de Huaraz. En la fecha Dr. Olivera radica en Boston –USA.
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MARIA JOSEFA
(*) Versión editada de: C.Augusto LB Herrera
Existen varias versiones de este relato tradicional de yungainos y pomabambinos, las que difieren en la forma pero no en el fondo, la que habría ocurrido a principios del siglo XVIII.
María Josefa, mestiza descendiente de los antiguos curacas de Yungay, era de extraordinaria belleza, sobresaliendo entre las muchachas de su tiempo por su formación moral y religiosa, los que alternaba entre los quehaceres domésticos de la casa materna con los deberes religiosos del templo de Santo Domingo de Yungay.
Su modestia y hermosura, despertaron en el pensamiento de aristocráticos jóvenes del lugar el deseo de poseerla, viva o muerta, mas ella rechazaba todo requerimiento amoroso y matrimonial, sin importarle riquezas ni linaje social.
Cuando cumplió los 20 años de edad, por ser la hija mayor y por estar su padre delicado de salud, recibió el encargo de visitar el fundo “Wuayllan”, propiedad de la familia en Pomabamba. Por tal motivo, María Josefa, en compañía espiritual de la patrona del pueblo “Mamá Ashu” y de su fiel perrito “Muru”, emprendió viaje –en la madrugada- siguiendo la zigzagueante senda que conduce a Pomabamba, llevando como fiambre cuy cancado y pedazos de pan.
El camino estaba trazado entre enorme rocas las que a cada cierta distancia conformaban una especie de guaridas donde la desolación y aullido del viento despertaban una sensación de miedo y soledad ante los transeúntes. María Josefa, ya conocía la ruta por eso durante su viaje, aprovechaba los momentos de descanso para ponerse a orar y/o meditar.
Caminando ya por el sendero que conduce a “Wuarmi Qocha” (laguna mujer, Llanganuco) se detuvo para descansar, tomar sus alimentos y ponerse a orar, la que fue interrumpida por el ladrido incesante de su perro. De pronto, irrumpió un apuesto caballero que la había seguido, jurando ante sus amigos del pueblo de Yungay que la tendría por la “razón o por la fuerza”. Le rogó que accediera a sus pretensiones de matrimonio. Le ofreció riquezas y posición social, pero María Josefa rechazaba la tentación del “demonio” como Cristo lo hizo en el desierto. Cuando el caballero había agotado todos sus recursos persuasivos empleo la fuerza de sus brazos siendo rechazado con extraordinario valor, apoyado por su fiel “muru”. Y viéndose virtualmente derrotado, este hombre perdió la razón, convirtiéndose en una bestia salvaje, sacó del cinto una daga, primero mató a “muru” y luego la clavó en el pecho de María Josefa, quien murió defendiendo su castidad.
El cadáver de María Josefa fue encontrado por los viajeros que la reconocieron, la enterraron a la vera del camino, junto a su fiel “muru”, y luego dieron la noticia de su muerte, la que rápidamente se extendió por todo el Callejón de Wuaylas y el partido de los Konchucos. Su madre Rosa Florencia Córdova y su hermana Catalina Huamán Córdova, desaparecieron de Yungay, ingresando al beaterio de Copacabana en Lima.
El caballero enloquecido, vagó sin saber a adonde ir y finalmente desapareció en uno de los socavones de las minas de plata en las alturas de Matacoto. Mientras que en el rustico pequeño recinto formado por piedras de la helada zona donde crecen los queñuales y el Ichu, se ve una rustica cruz de madera, construida por un viajero anónimo para perpetuar su memoria y para recordar la defensa de la dignidad humana, los efectos de la a tortura en la hora trágica y el grito desesperado ante la maldad humana en el silencioso paraje andino. El lugar hoy se llama “Sendero de María Josefa”.
La expresión estremecida de la vivencia divina y humana que tiene una grandeza huraña sobre la tierra erizada de rocas , transformando al caminante en la búsqueda de Dios con la mirada , los latidos del corazón, los pasos, los pensamientos y la memoria convertidos en una oración de lo más pura, honda y tierna; oración esperanzadora para una justicia plena.
(*) Disertacion de C.Augusto LB Herrera, historiador nacido en Caras, condecorado con Palmas Magistriales en el grado de Educador. Tiene mas de una docena de libros publicados entre ellos la Historia de Yungay.
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