Alcanzado ideales

Yungay

Alcanzado ideales

Por  Francisco Mendez Melgarejo

                          Breve reseña sobre la vida de Don Filomeno Melgarejo Malpica

Desde niño, Filomeno Melgarejo Malpica (Yungay, 1906 -1980) había mostrado que poseía muy buenas habilidades para las artes plásticas, había aprendido a moldear la arcilla y a dibujar con suma facilidad causando la admiración de sus profesores y amigos del entonces Colegio Municipal Santa Inés que funcionaba bajo la Dirección del Ing. Néstor Torres. Corría el año 1918, cuando el maestro Don Francisco Regis Tamayo visitó a Don José y Doña Rosa, los padres de Filomeno, para hablarles sobre el innato talento artístico que poseía su hijo, aconsejándoles que lo dejaran marchar hacia la Capital de la República para que pueda aprender de los grandes maestros la técnica y el arte de la Escultura y la Pintura.

Una madrugada de fines de diciembre de 1921, Filomeno dejó a su amado pueblo, se dirigió -en compañía de su primo Elías- hacia el oeste por el antiguo camino de herradura que los llevaría primero a Matacoto, luego ascendieron hasta Chapapunta – lugar que es una de las partes más altas del camino en la Cordillera Negra- desde donde Filomeno contempló largamente a su “Yungay Querido” prometiendo: ¡Algún día volveré pero solo habiendo triunfado! . Caminando hacia el oeste se dirigieron primero a los fundos donde su tío José Melgarejo -papá de Elías- tenía ganado lechero y lanar, allí descansaron un día, se aprovisionaron con varios moldes de queso y decidieron retornar  a la ruta que originalmente habían planeado recorrer: Bajarían a la costa por la ruta de Punap – Huacho – Macray que era más corta y segura, para luego dirigirse al pequeño pueblo de Quillo. Al día siguiente muy temprano se dirigieron al puerto de Casma, lugar donde el primo Elías lo embarcó en un buque de vapor con destino al puerto del Callao.

Recién llegado a Lima, buscó el apoyo de su amigo Ignacio Tamariz Carrasco, quien, habiendo arribado a Lima un año antes, desempeñaba el oficio de panadero y disponía de tiempo en las mañanas para orientarlo. Pronto Filomeno descubrió que en el Perú los artistas se formaban en la Escuela Nacional de Artes y Oficios (Hoy Escuela Nacional Superior de Bellas Artes), es así que buscó acercarse a profesores y estudiantes, empleándose como auxiliar, a los 16 años,  en el taller del laureado escultor Artemio Ocaña Bejarano, quien le dió la oportunidad de practicar y mejorar sus elementales conocimientos de modelación en arcilla y mármol.

En los años 1919 a 1930, el Perú era gobernado por el Dr. Augusto B. Leguía, de quien Filomeno decía era buen presidente, a tal punto que le hizo un busto en arcilla casi perfecto por lo que el artista-empleador le dijo en son broma: ¿Porque no se lo obsequias al Presidente? Filomeno cogió el guante y durante semanas y meses buscó la forma de acercase al presidente, pero tal acercamiento era casi imposible para un desconocido como el, en realidad, en Lima, nadie lo tomaba en cuenta para darle una cita.

Hasta que un día de 1925 se enteró por los periódicos que su “ídolo” volvería esa tarde de una gira por el sur de Lima y que pasaría caminando desde la plaza San Martín al Palacio de Gobierno. Filomeno pensó que ésta era la oportunidad para entregar el obsequio. Enseguida empaquetó el busto, encaminándose luego al Jirón de la Unión llegando hasta la puerta de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, lugar donde se puso a esperar pacientemente el paso del Sr. Presidente para entregarle el regalo.

De pronto apareció el Dr. Leguía acompañado de varios ministros, altos funcionarios del régimen y su guardia de seguridad; y cuando estaban a menos de tres metros de distancia, Filomeno salió al encuentro del presidente con su bulto por lo que fue inmediatamente detenido por la guardia de seguridad, tal vez porque pensaban que llevaba un artefacto explosivo u otra arma. Pero a los gritos de Filomeno: ¡traigo un regalo para el Sr. Presidente!!, ¡ traigo un regalo para el Sr. Presidente!!,  este se volvió hacia Filomeno y ordenó que lo soltaran y que mostrara que contenía el paquete, siendo grande su sorpresa al comprobar que el joven le obsequiaba un hermoso busto que lo retrataba con mucha aproximación a pesar de que nunca lo había visto en persona.

El Sr, Presidente, agradeció el gesto y le preguntó si era estudiante de la Escuela de Artes y Oficios, a lo que Filomeno le contestó: ¡No, Sr. Presidente, pero me gustaría estudiar allí!, ante esta respuesta el Presidente ordenó a uno de sus Ministros que lo ayudaran porque era “un joven prometedor al que había que dar una oportunidad”.

Filomeno permaneció en la Escuela de Artes y Oficios entre 1,926 y el año 1,930, donde aprendió la teoría y la práctica de las artes plásticas. Su paso por las aulas de formación artística fue brillante, cuyos méritos son destacados en la Memoria de 1,928 de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, Departamentos de Escultura y Ornamentación Artística, en la que se cita textualmente lo siguiente:
“Los trabajos que ejecutan los alumnos resultan a veces de verdadero mérito. Me complazco en señalar de un modo preferente el hermoso grupo intitulado, ‘Abuelo y nieto’, obra del aprovechado alumno de tercer año, Filomeno Melgarejo. La actitud y naturalidad de las figuras revelan sus disposiciones artísticas, heredadas indudablemente de la raza progenitora; presenta la misma reproducción fiel del natural y la misma delicadeza de líneas. Es indudable que el joven a quien me refiero constituye por su inspiración, técnica y notable afición a su arte, una verdadera esperanza nacional.”

Ya como profesional, mostró sus cualidades artísticas en muchos talleres del Perú y del Extranjero, diseñando y ejecutando sus obras en las que se enfrascaba por meses y a veces por años, mejorando cada día su técnica. Tal vez, debido a la temprana muerte de sus padres fue difiriendo año en año su retorno a la tierra que lo vio nacer, dando como pretexto que siempre “estaba muy ocupado”.

Pasaron los años, hasta que un día de diciembre de 1964, en la sesión de la Junta Directiva de la Beneficencia Pública  de Yungay bajo la Presidencia de Don Francisco Alegre Bambarén se aprobó la iniciativa del Sr. Eduardo “Godoy” Vergara Alva para instalar la imagen del Cristo Monumental en la cima del «mogote» Wuansakay o Cementerio General, sugiriendo se encargue la ejecución de la obra a “nuestro destacado paisano Filomeno Melgarejo” quien vivía en Lima. Con el acuerdo en la mano, terminadas las clases escolares, la Beneficencia de Yungay comisionó para viajar a Lima a los directivos profesores Nehemías Vergara Méndez y Eduardo “Godoy” Vergara Alva, a la, que por ser de gran interés, se sumáron los directivos Don Luciano Vergara Richter (electo nuevo Presidente), Raúl Olivera Cadillo y  Antero Angeles Osorio. Ya en Lima, con la compañía de otros paisanos que ya vivían en la capital, visitaron a Don Filomeno para exponerle la idea del Proyecto y la importancia que tenia para el pueblo la edificación de una monumental obra de arte, la que a la vez significaría para el escultor dejar un recuerdo personal para Yungay. Filomeno estaba entusiasmado, seria un  motivo para regresar al terruño después de 44 años de ausencia, conversaron sobre la idea y el presupuesto básico, sin embargo el quería saber si habían otras ideas anheladas por el pueblo, a lo que el Profesor Nehemías Vergara le contestó: ¡La Beneficencia representa los intereses del pueblo y en pleno hemos acordado instalar la efigie del Cristo Monumental en la cima del cementerio de la ciudad!, entonces Don Filomeno con emocionada decisión dijo: “ ¡ Aunque el presupuesto es deficiente, pero lo haremos, se trata de nuestra tierra!” y enseguida solicitó le proporcionen una copia de los planos del cementerio elaborados en el año 1,890 por el arquitecto Suizo Arnoldo Ruska. Después de estudiarlos, concluyó que era posible hacer una modificación del plano en la cima del cementerio: En vez de construir la proyectada capilla de cuatro altares, desarrolló el diseño artístico de la escultura del Cristo Redentor con las manos extendidas con frente al Huascarán, que tendría 10 metros de altura, desde su base, de tal forma que pueda vérsele a gran distancia desde  los cuatro puntos cardinales.

De acuerdo a lo comprometido, el primero de junio de 1965, la Junta Directiva de la Beneficencia recibió la maqueta del Cristo, los nuevos planos de la cima del cementerio y el presupuesto de los materiales de construcción y mano de obra que en total ascendían a 90 mil 706 soles. Filomeno, manifestó que el trabajo demandaría de 3 a 5 meses de labor y que él no pensaba cobrar ni un centavo por su obra. La propuesta se aprobó por unanimidad e inmediatamente comunicaron la decisión a Don Filomeno para el inicio de las obras, aprovechando el término de la temporada de lluvias.

Durante su permanencia en la Ciudad de Yungay, Filomeno y su asistente fueron muy bien acogidos por las autoridades y  sus pobladores quienes les proporcionaron vivienda y alimentación gratuita durante su permanencia, así como también cuidaron de su salud la que se resentía con los fuertes vientos que azotaban el Wuansakay durante las tardes.

Filomeno ya tenia 59 años, su semblante había cambiado en los años de ausencia, era un “desconocido” en su propio pueblo; buscó a su familia y a sus amigos, pero daba la impresión de que se los había tragado la tierra, parecería ser que los años de larga ausencia habían sido demasiados. Fué a la casa familiar del tío José en el céntrico Jr. Miguel Grau # 424 pero la puerta permanecía cerrada, fué a las chacras de Utcush y Tullpa encontrando solo a personas que daban informaciones imprecisas. Pasados ya mas de tres meses, conversando con el Sr. Cesar Gómez Caballero – quien también era vecino en la cuarta cuadra del Jr. Grau – éste le informó que muy cerca en el Jr. 9 de Diciembre, a 20 metros al oeste del Municipio, vivía una descendiente familiar, hija de Jacinto Melgarejo (hermano mayor de Elías), a quien conocía como Valeriana “Wallicha” Melgarejo, inmediatamente Filomeno fue a ver a su desconocida sobrina, a quien interrogó largamente sobre la familia, a lo que ella informó que lamentablemente los miembros de la familia a quienes buscaba habían ya fallecido o emigrado, que su tío Elías aún vivía pero que para hacerse chequeos médicos, hacia seis meses que se había trasladado a  Chimbote, lugar donde ya radicaban sus hijos Pedro y Paulino, pero que ese fin de semana llegaría a Yungay.

El encuentro de los dos primos fue muy emotivo, abrazados lloraron por la alegría de verse después de tantos años. Lo primero que le dijo Elías fue :¡Doy gracias a Dios por volverte a ver, y que el te haya guiado para cumplir tu promesa de triunfar!, Filomeno le dijo que nunca se olvidó de la familia ni de Yungay pero la temprana muerte de sus padres lo desapegó, seguidamente dijo ¡ Ahora estoy aquí, para dejar un recuerdo imperecedero para nuestro pueblo: La escultura monumental del CRISTO DE YUNGAY!.

La obra fué inaugurada el 16 de enero de 1,966, con la presencia de toda la comunidad Yungaina y del Callejón de Huaylas, entregándose a Filomeno un Diploma de agradecimiento, así como un simbólico premio pecuniario que le permitiera cubrir en parte el sueldo de su asistente moldeador Sr. Sergio Vaquerizo.

Don Filomeno falleció en Lima el 08 de setiembre de 1980, a los 74 años de edad, dejándonos a los Yungainos, como recuerdo, ésta gran obra escultórica en la que no existe placa recordatoria, pero si existe el ejemplo de la satisfacción del deber cumplido y el amor al terruño. Asimismo, los nombres de los promotores de la Beneficencia Publica han quedado gravados en el recuerdo y agradecimiento de todos los yungainos y ancashinos.

 

 

 

 

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Yungayito

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