Los Caminantes

LOS CAMINANTES (*)

(Primera parte)

Por un viejo y retorcido camino
apresurando sus pasos va un caminante.
Duro, curtido es su talante,
en las alforjas una muda, pan duro y vino
y ganas enormes de morirse tranquilo.

Su vida peregrina cuelga de un hilo,
ya está viejo y achacoso su pellejo,
ya está pa´todo menos pa´l espejo,
ya se hace tarde, su alma está en vilo
pero quiere dormirse en sus madreselvas.

Muchos le dijeron “cholo ya no vuelvas,
no tiene sentido volver para nada”.
“-la nada es mi todo, mi todo es la bandada
de hermanos caídos, que la parca a mansalva
se llevó un día en viaje sin vuelta-“

EL ENCUENTRO

Otro caminante de cabellera suelta,
tez lozana, bien armado y grueso billetero
En el cruce se cruza con el primero;
se miden, se calculan y el uno con voz resuelta
le pregunta al otro por su destino.

“Voy –dice el veterano, aquel del paso cansino-
volviendo mis pasos a mi derrotero
a m i bello pueblo, mi amor primero
a las querencias que me quitó el destino
y que  apenas llegando me dormiré en su suelo”.

“Pues mire usted –dijo asombrado el mozuelo,
voy pa´l norte, si gusta aquí traigo un jumento;
móntese usted, amaine el abatimiento
que andando así retará al Sol y el mismo Cielo,
que ellos dos no se conmiseran de nada”.

“Gracias pero no- contestó el de la piel ajada,
bájese usted y pisemos los suelos,
los jamelgos no deben guiar nuestros caminos,
caminemos los dos por ésta vía escoriada
que camino no es camino, si no se ha fatigado”.

Y los dos caminantes hablando y andando,
transitaron el sendero que tendido entre pencales
les invitaba a contar  sus glorias y sus males;
bizarra pareja que siempre están adornando
los hitos de la vida, para su mal, para su suerte.

«LOS CAMINANTES»
(Segunda parte)

LA CONVERSACIÓN.

Voy al Norte –recalcó el más joven, el más fuerte-
porque tengo mil agros y mil más de animales,
tres fincas, mujer y madre de hijos angelicales;
no me puedo quejar, soy hombre de suerte,
siempre estoy feliz aunque llueva, aunque truene.

“Un momento, nos sentamos en la sombra que viene”,
-Dijo el de la piel ajada y pelo entrecano-
y bajo el cobijo fresco de un grande molle sano
Escuchó los alardes de aquel que todo tiene.
Y asombrado se quedó el más viejo, el arrugado.

“Qué buen juego, el juego que usted ha jugado,
pero no me dice nada de su pago, más lo ignora,
Lo soslaya en vez de declarar que lo adora;
y yo aquí, asombrado de escuchar lo que ha narrado
algo voy a contarle joven sin que me pregunte”.

“La razón de mis pasos de incansable transeúnte
-dijo sacando el tinto de su empolvada alforja,
bebió un sorbo y le hizo beber al otro como lisonja-
“para que se motive, para que asunte y no barrunte
que ando gitano, porque me sabe dulce”

“Mi andar solo tiene un motivo y es agridulce,
cincuenta años buscando lo arrebatado
por un maldito terremoto que ha borrado
la belleza, la vida, la hermosura que seduce”.
“Y a todo mi pueblo con sus fallecidos””

“Tengo compañero la fe y el alma abastecidos,
abrazaré y estrujaré los hombros de mis padres,
de todos los hombres y de todas las mujeres
que están en mi mente, que no están fenecidos,
que en el vientre de la madre, están dormidos solamente”.

“Eres dueño de tu riqueza compañero caminante,
yo soy dueño de mis recuerdos y mis penurias;
no cargo penas ni tristezas espurias,
cargo lamentos y pesares de mucha gente
que vio con horror, desaparecer cuerpos sin vida”.

-otro sorbo tomó  de vino y prosiguió con fe definida-
“que de la montaña otra montaña bajó rugiente
desmembrando y devorando a mucha gente,
arrojando fuego al amparo de una sombra homicida
sin importar los ayes ni las súplicas a los redentores”.

“Cuentan que las rocas rodaban como alfajores,
que los cuerpos entre troncos se revolvían,
que las casas se derretían
y regados los cuerpos cual marchitas flores
pedían sin voz, un entierro cristiano”.

“Mucha gente segada, caminante hermano
y con ellos el espíritu y la luz de un pueblo entero,
Espíritu que no se compra con dinero
ni está en el corazón de ningún marchante
que actual y moderno, mira el bosque y solo ve leña”.

El más joven parpadea y un pensamiento pergeña:
-“Sé de ese episodio que usted emocionado relata,
mas la vida continúa y continúa con plata.
Soy práctico, el tiempo es oro y el oro no sueña:
lo que pasó, pasó y lo que ha de venir, pues adelante”.

“Mire usted ilustre veterano andante,
sé de esas historias porque siempre lo cuentan
mas los pocos que aún se lamentan
parecen no conocer a mi pueblo pujante
no saben del tiempo presente ni del venidero”.

Más vino apuró el viejo, con aire plañidero,
en su alforja su pan duro solitario
era su reserva en éste purgatorio.
“Mozo, mozalbete, pareces palabrero
diciendo lo que dices, sin guisa ni buen arte”.

“Más te propongo un brindis de mi parte
con éste vino que igual que mi vida se va agotando,
somos hermanos y ambos estamos andando
en el mismo camino que el destino nos comparte
bajo la sombra de éste sauce silencioso”.

«LOS CAMINANTES»
(Tercera parte)

EL BRINDIS

“Voy a brindar” -dijo el viejo, quitándose el sombrero
y con el resto del vino en la mano derecha-
“por la plaza ancha, por la calle estrecha
de mi pueblo querido mi amor primero
y por la eternidad de su gloria señera”.

“Voy a brindar por el pasado vivo que añoro,
que a usted joven por ser joven, poco le seduce;
por la felicidad ausente, por el temblor que produce
en mi angustia presente que adoro
porque me obsequia fuerzas y voluntad ilesa”.

“Brindo por su naturaleza y por su mística belleza
por su bohemia, por su tradición, por su casta,
por ser la reina del valle y si eso no basta
por los amores florecidos, por su grandeza
que un día se truncaron con maldad, con saña”.

“Cien mil demonios que escupió la montaña
hambrientos bajaron a tragarse nuestras vidas;
se engulleron nuestras cosas más queridas
con alevosa ira, con mucha saña
ahogando vidas en un camposanto”.

“Quedose mi pueblo herido, llorando un triste llanto
a los pies de la montaña donde siempre estuvo;
encontré la montaña, el resto se hizo humo
se habrá  ido la gente al cielo, habrán ido volando
al sublime paraíso del eterno destino”

“Pa´qué quiero ahora vasijas de oro fino
si mis hermanos bajo piedras y lodo están durmiendo;
se les negó el hábito mortuorio y están implorando
-entre los abrojos y el mismo azul cielo
paz eterna en donde fue su cuna y ahora cementerio”.

“Finalizo mi brindis joven hermano y es en serio
Que éstas lágrimas de viejo van idealizadas
en los percales que bailaron valses y chuscadas
sobre pisos de ladrillos y entre poltronas
brindando por el santo, por la salud y por  todo”.

“Salud mozo del presente y a su modo
siga usted con su cabalgadura, yo voy caminando;
mi pasado regresa solo andando
con pies callosos sobre piedra y lodo
de éste camino que yo no pedí, pero me ha tocado”

.
EL DESCANSO

Bebió a pico otro sorbo el viejo ya cansado;
sacó de la alforja el pan duro
y rumiando sin apuro
con el dorso de su mano,
no dejó que llegara a su boca
una lágrima impertinente .

Ensimismado en su sueños y su ilusión latente
de encontrar a la ciudad sin nombre,
lloro mucho el viejo, lloró de hombre
mientras el joven y su caballo elegante
dejaron solo al anciano peregrino.

El vino, la fatiga y el sueño asesino
se adueñaron sin más del viejo andante;
él dormirá un poco y seguirá pa´delante
entre alisos y algunos sauces del camino
que discuten: quien se morirá primero.

Ensimismado en su sueños y su ilusión latente
de encontrar a la ciudad sin nombre,
lloró mucho el viejo, lloró de hombre
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(*) Por: Abdón Figueroa Morales

(De «El Chalao»)

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