Articulo: En memoria de un gran profesor

EN MEMORIA DE UN GRAN PROFESOR

Por: Francisco Méndez Melgarejo (*)

  Corría el año 1959, cuando asistía a clases de educación secundaria en el Colegio Nacional Santa Inés de Yungay. El curso de matemáticas se me hacia imposible, entendía muy poco de  las clases que dictaba el profesor, pensaba que éste curso era para gente mucho más inteligente y por consiguiente las notas que obtenía estaban en rojo, es decir eran menos de 10 en una escala de 0 a 20.

 El Profesor del curso era un joven profesional que se había graduado con honores en la Universidad Enrique Guzmán y Valle (Conocida como La Cantuta), en Lima Perú. Se llamaba Mauro Ampuero Rubio, quien estaba muy orgulloso de nosotros porque seriamos “su” primera promoción de estudiantes secundarios. Por mi parte, yo había desarrollado un rechazo hacia el curso tal vez porque mis amigos de grados superiores me decían que el curso era muy difícil o porque tal vez me era mas fácil irme a jugar fulbito en lugar de hacer las tareas.

 Pasados varios meses, de pésimo rendimiento, el profesor Ampuero ya se había dado cuenta de quienes estabamos “bajetones” en cuanto a las notas, por lo que optó por acercarse a cada uno de nosotros para tratar de descubrir el problema que teníamos con relación al curso de matemáticas y ver la manera de ayudarnos. Recuerdo que nos dijo: ¡Las matemáticas son lo más fácil, es solo cuestión de practicar!

 Las palabras del profesor me ayudaron a cambiar de actitud con relación al curso, comencé a  hacer mis tareas con mayor detenimiento y traté de poner mayor atención al dictado de clases, con lo que remonté las pésimas calificaciones que había acumulado  y  obtuve nota aprobatoria en ese año escolar. En los años siguientes, comprobé que efectivamente el curso era fácil, a tal punto que en lugar de estudiarlo fuera de horas de clase, me reunía en las noches con mi amigo Eduardo “Walo” Mallqui para jugar ajedrez y las vacaciones escolares las pasaba en Lima con mi amigo Pedro “Pico” Espinoza quien estudiaba la secundaria en la ciudad capital.

 En el año 1962, al iniciar el cuarto año de educación secundaria, había que optar por las especialidades de “Ciencias” o “Letras” lo que constituyó, tal vez, la más importante decisión para mis cortos 16 años de vida. Después de haber escogido la rama de “Ciencias”, en la que se daba mayor énfasis a los cursos de Matemáticas y Ciencias Naturales, pude percibir con mayor nitidez la valía del profesor Ampuero, quien junto a otro brillante profesor de ciencias llamado Jorge Vigil Cadenillas, nos absolvían las preguntas que formulábamos, tanto de aspectos académicos como de aspectos humanos. El Profesor Jorge Vigil, estaba especializado en los cursos de Biología y Ciencias Naturales, motivo por el que soñaba que alguno de sus alumnos orientara sus estudios superiores hacia las Ciencias de la Salud y la Vida, tales como la Medicina, Enfermería, Biología u Odontología.

 Cuando  el primer día útil de abril de 1963 iniciamos el 5to año de secundaria, el profesor Ampuero nos habló sobre los exámenes de “Ingreso a la Universidad”. El sabía que con nuestros elementales conocimientos de matemáticas prácticamente no tendríamos oportunidad, si en algún momento, deseábamos postular a cualquier carrera de “Ciencias” en alguna Universidad de Lima, Trujillo o Arequipa. Como todo buen profesor él quería lo mejor para nosotros, por lo que nos comunicó que nos daría clases extras de Matemáticas de nivel pre-universitario en forma totalmente gratuita.

 Las clases extras de matemáticas, se desarrollaron todos los fines de semana en la tarde, en forma obligatoria. Todos los sábados nos enfrascábamos en la teoría y solución de problemas que se habían planteado a los postulantes de la Universidad Nacional de Ingeniería y de la Pontificia Universidad Católica, cada semana se nos presentaba un mundo desconocido y poco a poco comenzamos a entender que había un divorcio muy grande entre lo que se enseñaba en la educación secundaria según los textos oficiales y lo que se exigía a los postulantes a las Universidades, lo que significaba que teníamos que estudiar mucho si queríamos nivelarnos y ser alguna vez profesionales universitarios.

 Para los exámenes finales del curso de matemáticas, en diciembre del año 1963, el profesor Ampuero nos había preparado una sorpresa. El quería saber cuanto habíamos asimilado de las clases sabatinas y que nos diéramos cuenta del verdadero nivel académico en que nos encontrábamos, motivos por los que nos había preparado un examen final “tipo examen de admisión a la universidad”. Para el examen nos autorizó llevar libros y cuadernos es decir todo elemento de consulta, solo estaba prohibido conversar entre los alumnos, luego, el examen se inició a las 8:30 AM bajo la discreta supervisión de los profesores Ampuero y Vigil y se prolongó hasta la 1:30 PM. Es decir que durante 5 horas tratamos de resolver las interrogantes del examen, escudriñando “todo” lo que habíamos aprendido en la secundaria y en las clases de los sábados. Al día siguiente, me encontré con el profesor y le  pregunté. ¿Cómo he salido en el examen, profesor? y él me respondió ¡Tu haz aprobado, en realidad son tres los aprobados, pero lo importante es que todos ustedes han puesto el empeño que yo esperaba !.

 Cuando terminé la secundaria muchos familiares y amigos se acercaron a mi hogar para felicitar a mi madre y brindarle consejo acerca de mi futuro. Recuerdo con mucho aprecio particularmente la visita de las Profesoras Sra. Delia Cadillo Sotelo,  Srta. Zenaida Espinoza Villón y la de mi abuelo Elias Melgarejo.

La Sra. Delia me consideraba como a su segundo hijo porque era amiga de mi madre desde la escuela primaria y por lo tanto decia que era hermano de su único hijo Pedro “Pico” Espinoza Cadillo.  La Srta. Zenayda tambien era amiga de mi madre desde cuando estudiaban en la escuela primaria. Ambas profesoras, que me habían visto crecer desde niño, la aconsejaron  que lo mejor era dejarme marchar hacia Lima para construir mi propio destino.

 Dentro del circulo familiar, el comportamiento ejemplar de mi abuelo Elías Melgarejo influyó en mis decisiones: El era un triunfador, siempre habia logrado lo que deseaba, lo que redondeó viajando durante 4 años a pie y en barco a muchos lugares del pais y del extranjero, retornando luego a Yungay en 1,924, a los 24 años, solo para cumplir con un compromiso familiar pactado cuando era adolescente, debería casarse con Teófila Tamariz. El no se cansaba de contarnos -a mis hermanos y a mi- sus valiosas “experiencias” avivando nuestra imaginación y nos repetia siempre  que nunca le fue mal porque con la fuerza de la “voluntad” se puede alcanzar lo imposible.

… Y como dice el vals: “Las locas ilusiones me sacaron de mi pueblo, abandoné mi casa para ver la capital. Como recuerdo el día feliz de mi partida, sin reparar en nada de mi pueblo me alejé…”, en Enero de 1964 viajé a Lima en busca de nuevos horizontes, y en el mismo ómnibus, también viajaba el Profesor Mauro Ampuero con quien departí acerca de variados temas durante casi 10 horas;  tocó el tema de mi futuro con  una  pregunta crucial:¿Que has decidido hacer en Lima?, yo le respondí que aun no sabia, que quería descubrir  mis posibilidades, y luego decidir, entonces él me dijo que en lo que hiciera -grandes o pequeñas cosas- la clave del triunfo estaba en “¡Hacer lo que tengas que hacer, con dedicación y cariño, después el éxito será tu premio!”.

 PD: El Profesor Mauro Ampuero, murió en el Sismo Alud del 31.05.1970, junto a su familia que había formado en Yungay durante los más de diez años de residencia en el lugar. El profesor Jorge Vigil Cadenillas, que también había formado una familia en Yungay, varios años antes de la tragedia se trasladó a Lima, con su familia, para seguir ejerciendo su profesión.

(*) Francisco Mendez Melgarejo, integrante de la Promocion 1963 del Colegio Santa Ines de Yungay.

ENTREGA TERRENO 1963

 El profesor Ampuero (extremo derecho, detras de la banda de musicos) integra la comitiva para la recepcion de la donación de Don Prisiliano Angeles consistente en un terreno para el colegio, 12 de setiembre de 1963.

PROMOCION 1966

  El Profesor Ampuero, padrino de la promoción 1966 del Colegio Santa Inés de Yungay.

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