Articulo: Yungay el paisaje de mi infancia

YUNGAY: EL PAISAJE DE MI INFANCIA

Por: Oscar Chávez Melgarejo (*)

He nacido y vivo en Chimbote, pero mi papá el profesor Oscar Chávez Pajuelo, desde que tuve dos meses de nacido, en cada período vacacional me llevaba a Yungay y de allí mi recuerdo a tantos personajes y costumbres de la década de los 60 que de alguna manera completaron el paisaje de mi infancia.

Es muy emotivo y justo recordar a Donato \”Capachancho\” quien después de desempeñar su chamba como cargador se mandaba su wuashco y permanecía shinka shinka toda la mañana apostado en la esquina donde quedaba la sucursal del Banco de Crédito. Como no recordar también a don Antonio Lino \”Mala noche\”, al espiritista Salvador Paredes \”Shallua\”; a la inolvidable \”tía recamana\” Matilde Huamán, a doña Julia Rosa Echevarría, más recordada como \”señorita mona\”; al popular \”Humbeto\” Ramírez quien se ganaba el día haciendo mandados; al famoso \”Chichi Gregorio\”, quien solía manosear quinceañeras, el tasador Aquiles Alegre (y pensar que ahora dentro de mi ejercicio como ingeniero también soy perito tasador), al chamberito “Pucatish”, la muy popular “Cachorra” Victoria, aunque en aquellos años era muy chibolo para interesarme en ese tema, pero lo escuchaba a cada rato, y cuando escuchaba que “Chauita” más estaba vinculado con el trago, el notario Vidal era otro bravo en el ramo chupístico, al igual que “Soplaporongo” Heli Olivera. Como no recordar la casa de doña Albina Villón o la casa de “Las Tres Carabelas”, las señoritas Delia, Marina e Isabel Villón, la casa señorial de Don Roman Milla, Viva Fernadez, los Vinatea, Handabaka y la casa museo del Dr. Arias Guzman.

  Y también recordando los cuentos, leyendas y canciones de mi abuelita Aurelia del Carmen Pajuelo, merecen una cita en esta página los “chistes de Don Reynaldo Figueroa”, “las ocurrencias del gringo Hubel”, “las campanas de Llanganuco”, los “misterios del cementerio” y en cuanto a canciones merece rescatarse del olvido a Don Víctor Cordero Gonzáles autor en 1915 de \”Huanchaquito pecho colorado\” y luego de la \”Aratanta aratanta\”. También estoy viendo a don Amadeo “Amacho” Molina Rojo recorrer las calles de Yungay, responder el saludo a cada persona por su nombre….\”hola Olivera\”….\”hola Quintana\”…\”hola Hidalgo\”. Recordar al extraordinario músico que fue Don “Amacho” Director de la Orquesta Sol de Oro acompañado por “Pillita”, ”Leoncito”,”Shaquita”, “Antero”, “Coqui Chávez”, “Tapsa”, “Eladio” Rodríguez,”Ronco” Ramos y otros músicos. La casa de mi abuela materna quedaba en la calle 28 de Octubre, en la vecindad con mi tío Víctor Olivera cuyo patio daba a la calle Miguel Grau, como quien bajaba a la quebrada de Chopi Batán.

  En Yungay, solía jugar mis partiditos de fulbito callejero y también iba por el estadio, donde más de una vez lo vi al Ñango Soriano bajo los tres maderos. Me juntaba con los muchachos más palomillas, casi todos mayores que yo, como mi primo Beto Olivera y su hermano Ronald, Flavio Loli y su hermano Pallo, los Quintana (Alicho y Rumi Maki), Wiscu Pato Hidalgo y su hermano Joshue, Abel “Tajra Mishi” Vidal y su hermano Panchito, Facundo, Mobote, los dos “Leoncitos”, “Timu”, “Apif”, “Pepe Mallqui” y en fin otros muchachos, con los que armábamos partidos de fulbito enfrentando a lustradores y champeros.

 Y de los paseos con los amigos hay mucho que hablar, más de una vez, saliendo por el camino de herradura que arrancaba pasando el puente de la quebrada Chopi Batán, llegábamos como jugando a Ranrahirca y Mancos que estaban unidos por una sola calle antes del alud de 1962. Igualmente nos íbamos a pescar truchas a la quebrada de Shacsha, comer frutas a Matacoto,  Utcush, Chuquibamba, Tullpa, Ongo y otros hermosos parajes.

 Reflexiones en el Yungay del 2009.

 Han pasado 39 años desde aquel terrible terremoto y hacen unos 20 días estuve por Yungay y creo que quienes dirigen la municipalidad deben inyectarse más ese emprendedor espíritu yungaino de antaño. En lo que respecta a obras, he visto a más de un “jugador” o comerciante de la ingeniería, teniendo contrato con la municipalidad actual. Y eso a mi me enerva. Los procesos de selección, como en todas las entidades públicas del país están dirigidos a determinado postor. Y así, con mediocres y acomodaticios no se construye país.

 He visto frente a la municipalidad de Yungay un local que bien podría destinarse a un Museo de la Memoria Yungaina, donde por ejemplo, con el auxilio de la fotografía aérea y la convencional, más el recuerdo de los pocos yungainos antiguos que quedan, se podría recrear en una maqueta el antiguo Yungay. Mi papá  en vida siempre me decía que eso era muy sencillo. Yo pienso igual.

En el Instituto Geográfico del Perú, existe un archivo de fotografías aéreas de diferentes épocas que pueden ayudar en ese propósito.

 Recuerdo que en el Yungay de mi infancia, en la calle 28 de Octubre, principalmente en horas de la mañana, aparecían unos gringos con enormes largavistas y cámaras fotográficas para enfocar el Huascarán, en tanto, la tía “Recamana” Matilde Huamán los incriminaba diciendo: ” Que están haciendo carajo…………………….estos gringos creo que quieren llevarse el Huascarán”, repetía la tía.

 Sugiero a Uds. entablar contacto con las asociaciones principalmente de alpinistas de Europa, Estados Unidos y Canadá, a efecto de acopiar fotografías anteriores a los años 70 y de esa forma reconstruir la memoria gráfica de la recordada ciudad. Debe haber fotografías de calles y casas del Yungay antiguo.

 El campo santo de Yungay debiera ser un lugar de recogimiento y de reflexión ante los desastres. Más se le ve por el aspecto comercial. Quienes hemos vivido algún tiempo en el Yungay antiguo, tenemos otra visión de ese lugar. Cuando camino por allí se me juntan mil imágenes todas gratas como la ternura de mi abuela y el recuerdo de familiares y amigos que están sepultados allí.

 En fin, mi nota salio más larga que chalina de culebra y quedan más rollos. Tengo mucho gusto de saludarlos compartiendo el permanente recuerdo por Yungay.

 

(*) Oscar Chávez Melgarejo, nació en Chimbote en 1952, cuando ya tenia dos años de edad hasta su adolescencia su padre el profesor Oscar Chávez Pajuelo lo llevaba a vivir en Yungay durante los periodos vacacionales de  Enero – Marzo, por tal motivo tiene recuerdos imperedeceros de sus familiares, amigos, personajes, calles y costumbres de nuestra de nuestra antigua ciudad. Oscar, es de profesión Ingeniero y vive en la ciudad de Chimbote( Mayo 2009).

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