Articulo: Recordando a la capital del mundo

Recordando la capital del mundo

Testimonio de Monseñor Bambarén

En reciente entrevistado periodística, monseñor Luís Bambarén Gastelumendi dice que en su diccionario no existen dos palabras: cansancio y miedo. Y no le falta razón. Es conocida en todo el país su dilatada carrera pastoral dedicada al trabajo en favor de los pobres del Perú. Por su lucha en defensa de la verdad y la justicia no sólo ha recibido críticas y agravios, atentaron contra su vida y fue encarcelado. Pero nada lo amilana y asegura que seguirá su misión “hasta que Dios me dé vida y salud”.

La mirada vuelta a Yungay

 Cuenta que su vocación religiosa surgió en su infancia, en su Yungay natal, “la capital del mundo” como precisa entre broma y con orgullo. Además, siempre quiso ser sacerdote o ingeniero, “pero terminé siendo las dos cosas por la gran cantidad de obras que he construido”.

Recordando su tierra natal, revela que allí aprendió el valor de la solidaridad, “éramos todos como una gran familia, las casas estaban todo el día con las puertas abiertas y no teníamos problemas de seguridad ni de robos, todo lo compartíamos”.
Desde ese mirador, reconoce la admiración que persiste por sus padres, quienes -manifiesta- marcaron su espíritu solidario y religioso, y lo apoyaron siempre en su carrera eclesiástica, como a dos de sus hermanas que también siguieron la vida religiosa.

Desde que fue ordenado sacerdote en 1958 se dedicó a la labor solidaria, de ayuda a los necesitados, y evangelizó en favor de la verdad, la justicia y la dignificación de los más pobres.

Admite que eso le costó muchos cuestionamientos, pero jamás les hizo caso porque mantuvo un principio: “nunca des explicaciones porque tus amigos no las necesitan y tus enemigos no te van a creer”.

Recuerda que en mayo de 1971, ya como obispo de los pueblos jóvenes, el entonces ministro del Interior del gobierno militar, general Armando Artola, lo mandó apresar por oponerse al desalojo de invasores en los arenales del Cono Sur que luego se convirtió en la pujante Villa El Salvador. Y recordando a su bella ciudad de Yungay, desaparecida por el terremoto alud del 70, participó en su refundación el 29 de mayo de 1971.

Monseñor Bambarén relata que aprendió a dormir apenas cuatro o cinco horas diarias, a manejarse solo y nunca tuvo seguridad. “Ese ritmo lo he mantenido”, añade. Además, practicó el básquetbol pero escalar montañas en la zona de Ticlio, en la carretera central, fue su hobbie.

No le desanima que la pobreza se mantenga, pero insiste en que se debe lograr una cultura de solidaridad, de reconciliación con el otro Perú olvidado.
Asevera también que “toda mi vida es alegre”, pero admite momentos muy tristes, como cuando el sismo alud del 31 de mayo de 1970 arrasó a su querido Yungay, o cuando el 6 de octubre de 1971 intentaron asesinarlo. “Tuve una persecución casi de película pero no pudieron matarme, sin embargo dos días después asesinaron a mi hermano, fue muy doloroso porque lo mataron por matarme a mí”.

Por su destacada labor pastoral, siempre estuvo en el bolo para ser cardenal, aunque nunca llegó tal designación. Empero, asegura que nunca pensó ni aspiró a ser arzobispo de Lima o cardenal, porque su único objetivo ha sido “tratar de ser lo mejor posible”.

Versión editada de entrevista de Ojo, 16/12/05

                     << volver a la pagina inicial

Sitio web optimizado por: SEO Valencia
Plugin Modo Mantenimiento patrocinado por: Wordpress modo mantenimiento