Articulo: Por el camino del recuerdo

 POR EL CAMINO DEL RECUERDO

Por: Abraham Flaubert Gómez Bazán (*)

Mis recuerdos asoman como gotas caídas de un manantial de agua cristalina, refrescando la memoria, retrocediendo  el tiempo, para posarse en el pasado, envolviendo  mi espíritu de gozo pleno, confundido con la nostalgia de los felices años juveniles que compartimos los integrantes de la Promoción “Antúnez de Mayolo”, en nuestro ya lejano Colegio Santa Inés, que partió a la eternidad, como muchos de nuestros compañeros, a los que quisiera recordar en estas pequeñas líneas.

No cabe duda, durante nuestra vivencia santainesína, infinidad de inigualables momentos hemos acariciado, disfrutando de las ocurrencias de sus autores, incluso llegando al sarcasmo inocente de nuestros arrebatos, propios de los juveniles años y que hoy, en la madurez  de la existencia, los evocamos para volver a sonreír como en antaño.

Como no recordar a nuestro apreciado Hugo Ríos, el “más  más” de todos sus compañeros, cuando  en la escolta que conformamos con otros cinco alumnos o en las formaciones en el campo de recreo y deportes que a diario realizamos, empinaba sus pies, para sobresalir sobre los demás, pues se consideraba el más alto de todos. En muchas oportunidades vio frustrada su vehemente deseo de “grandulón”, al verse superado por otro compañero, que percatado de su intención, hacía lo imposible para que su propósito se desvaneciera; intento vano, pues en la siguiente tentativa el triunfo le sonreía.

Hugo, era un personaje especial, sorprendía con actitudes inesperadas, como su  fracaso en sus cuitas amorosas con una dama loretana, ocurrido en la ciudad de  Iquitos que visitamos el año 1966. Su dulcinea lo expulsó de su aposento, cansada de soportar, sin duda, de su inexperta vida pasional, quedando así intacta su inocencia, pero mellado su honor, por su temeroso actuar, llegando al extremo de lanzar un SOS, que fue inmediatamente atendido por el “más más” pequeño de la promoción, nuestro querido Samuel Huerta – “Huertita”, ducho y experto en dichas lides, que  no dudo en acudir (reemplazarlo) para salvar el honor del compañero ofendido.

Recordaremos siempre al inolvidable Jorge Figueroa Merino, estimado y querido por todos nosotros sus compañeros, lanzándose en las frías aguas de la piscina municipal, para raudo cruzarla a nado limpio, quizás  sin el estilo que el profesor Legoas nos impartía, pero si con la voluntad férrea y titánica que lo envolvía, para superar toda dificultad que se presentara por su limitación física, que no le hacía mella; o, contemplarlo cuadrado debajo del arco del campo de futbol, defendiendo a su Alianza Lima, soportando la agresividad del equipo contrario, como el tremendo impacto que recibió del compañero Pelayo, cuya consecuencia fue dejarlo “lesionado” al quedar desparramado las piezas ortopédicas que utilizaba; “lesión” que fue superada, cuando las piezas de recambio llegaron de Lima. Descanso reparador y merecido del gladiador, pues retorno al puesto del que era titular inamovible, que hoy debe continuar departiendo en lo alto de la gloria donde se encuentra.

Con motivo del centenario del Colegio Santa Inés, Jorge, el día central del aniversario, llego muy temprano a la plaza de armas de Yungay, luciendo, después de 46 años, el uniforme que llevamos durante nuestra vida colegial. Fue el primero de la promoción en arribar a este lugar donde se desarrollaría la ceremonia principal.

En la plaza se encontraban un grupo de jóvenes que lo conocían; al ver su vestimenta, que incluía una cristina, la corbata, los galones y una insignia, comentaban entre ellos que “EL TIO SE HA LOQUEADO PARECE QUE QUIERE IZAR LA BANDERA”. Esta percepción original, sin duda de pesar y lamento entre sus detractores, se fue convirtiendo en gracia y sonrisas de festejo a medida que el tiempo transcurría, pues comenzaron a llegar otros integrantes de la promoción ataviados de igual forma a participar en el desfile.

Me he permitido relatar esta anécdota, con todo respeto a la memoria de Jorge, a quien me unió una amistad muy profunda, fue mi compañero de colegio con el que compartí tantas alegrías y preocupaciones, disfrute de su amistad. Se fue, en un abrir y cerrar de ojos, pero su vida nos dejó un ejemplo a seguir, no doblegarse ante la adversidad, por más dura e incomprensible que está sea, aun en la cercanía de la muerte.

Muchos compañeros de promoción se perdieron en el transcurrir del tiempo, entre ellos Hugo Emiliano Guzmán Quijano, a quien no he vuelto a ver, ni tener noticias  desde  que egresamos del Colegio. El único recuerdo que tengo de él es su famoso apelativo de TELEMACO (sin tilde en la segunda letra E), que se lo gano con nuestra unánime  aprobación, como consecuencia de la lectura que hizo de la obra “La Odisea” atribuida al poeta épico Homero, que narra las aventuras de Ulises, héroe griego. Entre los personajes de esta obra, sobresalen Telémaco y  Penélope, nuestro nombrado compañero pronunciaba sus nombres sin darle la fuerza de voz en la tílde que ambas palabras o nombres llevan,  por lo que decidimos ponerle el sobrenombre de uno de ellos, escogiendo el de TELEMACO, pues el otro (Penélope), era nombre femenino.  Donde sea que te encuentres, tus compañeros de aula siempre te recordaremos.

(*) Abogado, Integrante de la Promoción 1966 del Colegio Santa Ines. Fuente Revista “En Aras del Triunfo”

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