Articulo: Mama Shilli.

CIRILA “SHILLI” LUNA TAFUR

Por: Francisco Mendez Melgarejo

“Shilli” nació en la ciudad de Chacas, Áncash, en 1931, donde pasó su niñez rodeada por la belleza natural de ese mágico lugar. Cuando cumplió 12 años, la búsqueda de un horizonte mejor para su vida la impulsó a mudarse hacia la entonces próspera ciudad de Yungay, donde vivió su adolescencia en el barrio de Cruzcucho. A los 21 años contrajo matrimonio, fijando su domicilio en una casa que tenía  hermosa vista del Huascarán, en el cruce de las Calle José Gálvez y 28 de Octubre, cerca de la casa de Nils Tamayo, en la parte sur – este de nuestra antigua y muy recordada ciudad. “Shilli” había aprendido a trabajar desde muy joven por lo que no le fue difícil ganar un lugar en el negocio de la comida, progresó poco a poco y logró instalar en 1965 un pequeño restauranteShilli Luna 1 en el centro de la ciudad, donde confluían clientes locales y de otros confines. A inicios del año 1970 ella tenía 39 años, su esposo había fallecido años antes. Vivía entregada a la crianza de sus dos hijos: Juan y Samuel; una hija de 17 años había viajado a Lima para aprender un oficio.

 La tarde del día 31 de mayo de 1970, estaba en su casa con sus hijos. Ya habían terminado de almorzar; su hijo mayor, Juan, le había ayudado a lavar los platos y cubiertos mientras que ella terminaba de lavar los utencillos de cocina, cuando comenzó a temblar la tierra. Ella describe el suceso como sigue:

                                                        Cirila Luna Tafur, con el autor del articulo.  Mayo 2009

 -El sismo era muy fuerte, lo que me hizo temer que se derrumbe la casa o colapsen las paredes, de repente mi hijo mayor me jaloneó al ver que la tierra se abría, entonces él cargó a su hermano menor y salimos juntos corriendo hacia la calle 28 de Octubre. Allí esperaríamos que concluya el sismo. Pero de pronto, mirando al Huascarán, vi claramente que éste se desmoronaba ruidosamente; entonces les dije a mis hijos que para salvarnos corriéramos hacia la colina de Aura. Cuando ya cruzábamos el puente nos encontramos con personas que corrían en sentido contrario, lo cual nos hizo dudar retornando hacia la ciudad.

 -Habrían pasado tres minutos desde el inicio del sismo, cuando vi que una ola gigantesca de lodo, de 60 a 80 metros de altura, bajaba desde Aira en forma rápida y violenta. Entonces nos arrodillamos para rezar una oración mientras las tejas de las casas caían peligrosamente sobre nosotros. Ese momento parecía el día del juicio final.

 – El alud venia precedido de un viento fuertísimo – como de un huracán-  con espuma de lodo, entonces inmediatamente abracé a mis hijos, nos agazapamos sobre el piso esperando lo peor, cuando sentí el choque de una ráfaga de viento acompañada de una ola de lodo que desprendió a mis hijos de mis brazos.

 -Seguidamente, esta  ola de lodo gigante me llevó –como si fuera una pluma-  a su cresta mas alta, y me arrastró – ya inconciente- aprox. 2 kilómetros, arrojándome luego en las chacras de Tullpa donde me encontró el campesino Gregorio Mejia enterrada totalmente, sólo mi cara era visible y respiraba dificultosamente dentro del lodo frío. De allí procedió a sacar mi cuerpo semidesnudo. Al día siguiente los socorristas conformados por los pocos sobrevivientes (*) me atendieron con lo poco que tenían a mano, prendieron fogatas para mantener mi cuerpo caliente. El Dr. Agustín Herrera -sin instrumental, ni medicinas, ni agua limpia- trataba de limpiar y curar en mi cuerpo los cortes profundos producidos por los bloques de hielo. Por el intenso dolor que sentía, les decía que me dejaran morir y me desmayé una y otra vez (***).

 – Mientras que poco a poco me recuperaba de las intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos, había encargado a mis amigos que me ayuden a buscar a mis hijos entre los sobrevivientes, con resultados negativos. Luego, desde octubre, cuando ya me sentí con fuerzas para caminar, personalmente busqué a mis dos hijos en los albergues, hospitales y en las listas de sobrevivientes durante dos meses y ya, sin esperanzas de hallarlos vivos, en diciembre de 1970 resolví retornar con mi hija a mi querido yungay, instalándome precariamente en la nueva ciudad donde abrí un pequeño restaurante.

 Al retornar a Yungay después de 7 meses, Shilli fue recibida como una heroína  por los pocos sobrevivientes que precariamente se habían instalado a lo largo de la Av. Luís Arias Graziani, ¡SHILLI HA VUELTO!, decía la gente enfervorizada.  El retorno de Shilli era un ejemplo de cariño al terruño que la cobijó por más de veintisiete años, su presencia en aquellos momentos decisivos fue la llama que se necesitaba “para encender la antorcha (**)” que nos alumbraría en la oscuridad; con generosidad acogía en su modesto local las reuniones informales del Comité Cívico  y  con tenacidad y buen talante, fue el símbolo viviente del renacer de la ciudad de Yungay y la reconstrucción de la provincia.

  Actualmente (Mayo del 2009), Cirila “Shilli” Luna Tafur tiene  78 años y vive olvidada en la ciudad de Yungay, Perú.

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(*) El grupo de socorristas estaba conformado por los Srs. Gregorio Mejia, GC. Pedro Armas (+), Félix Tamariz Montes, quien vive en Yungay, el Dr- Agustin Herrera Polo (+), Ricardo Hurtado Orihuela (Vive en Yungay),  Augusto Rojo Vega(+), Rolando Ángeles Bayona (vive en Lima)

(**)  La antorcha fue conducida por el Dr. Rolando Romero y Romero (nacido en el distrito de Shupluy, Yungay), electo “Presidente del Comité Cívico”, bajo cuya conducción se  refundó la Ciudad de Yungay el 29 de mayo de 1971 y se repusieron todas sus instituciones tutelares.

(***) También fueron rescatados del lodo: Gudelia Carrión Vergara, Pablo Paredes, Ricardo Mejia, Nelly Oliveros y otros.

(****) Muchos turistas y estudiosos extranjeros fueron atendidos por Shilli en su restaurante, antes y después del sismo, entre ellos el Dr. Anthony Oliver Smith, actualmente profesor de Antropología de la Universidad de Florida, USA.

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