Anedocta: La Electrificacion de una calle

LA ELECTRIFICACION DE UNA CALLE

Por: Fortunato Mendez Melgarejo

En el año 1960, el Concejo Provincial de Yungay había concluido con mucho esfuerzo los trabajos destinados a dotar de agua potable a toda la población Yungaina, complementandolo con la instalacion de piletas publicas en esquinas estratégicamente ubicadas en toda la ciudad, pero el sistema de desagües era deficiente porque se basaba en un sistema de rústicas acequias que cruzaban la ciudad de este a oeste motivo por el cual algunas casas no tenían este servicio básico. Las autoridades a cargo de la Gestión Municipal siempre bregaron por dar los mejores servicios a la ciudad utilizando mucha imaginación porque casi siempre tenían la limitación de recursos financieros. Es por ello que la Gestión de la Autoridades era a veces alabada, a veces criticada o a veces satirizada.

Como en todo pueblo, en esa época había jóvenes con mucha “chispa”, los que no se perdían ninguna ocasión para corregir o aumentar y comentar alguna actividad edil con el propósito de hacer reír a la población, satirizado las ocurrencias del Alcalde y/o de sus Regidores; estando entre los mas destacados bromistas, el “Ishpi” Villón y el “Coqui” Chávez, quienes trasmitían con mucho realismo sus ocurrencias ante la audiencia de grupos de muchachos que nos reuníamos en las noches en la plaza de armas o en la esquina del Hotel Popular bajo la consigna de “ya viene la última de Chunca”.

En dichos años uno de los Alcaldes fue el Sr. Reynaldo Figueroa a quien no sé porque motivos le habían puesto el apelativo de “Chunca” y tenia como Regidor de Obras al Sr. Manuel Beteta.

En cierta ocasión, por razones de la función que desempeñaban el Sr. Alcalde y el Regidor antes citados, después de hacer una  inspección de obras en los hermosos barrios rurales de “Utcush”, “Llacta”, “Chuquibamba”, y “Aura”, retornaban a pie a la ciudad ya entrada la noche, pasando cerca de las 8.00 p.m. por la guanera (hoy el Hostal COMTURY en Aura),luego pasan frente a la casa del Dr.  Alvarado (A quien cariñosamente el pueblo había bautizado con el apelativo de  “Quinuayupaj” lo que significaba: El que cuenta las semillas de quinua), para entrar propiamente al perímetro de la ciudad, cruzando el puente de Calicanto;  cuando caminaban frente al Hotel Mejía, observan que de una calle sin iluminación, salen y entran personas de la oscuridad con sus velas encendidas lo que los deja extrañados y con una sensación de temor, pasados algunos días cuando llega la luna llena,las mencionadas autoridades retornan al lugar de extraño comportamiento y observan con mas nitidez que los que salían de la profundidad de la calle eran personas conocidas, observando también que a esas horas de la noche se suscitaba un movimiento inusual de personas hacia aquél un tanto apartado lugar.

Antes de interrogar a los transeúntes de la mencionada calle, deciden ir al lugar de los hechos, para ver lo que pasaba allí,  y a medida que se internan mas y mas en la profundidad de la calle, se dan cuenta por el olor que emanaba por todos los rincones, que este lugar servía como letrina publica para la población que no tenia los servicios higiénicos en casa. Ante tal situación, en la próxima sesión del Concejo Municipal, Don Reynaldo expuso el caso de “la calle de los malos olores”, promulgándose luego como consecuencia, un edicto para que la población que requiera realizar tales necesidades vayan a chacras o huertos cercanos a sus casas o sino vayan a  lugares fuera del perímetro de la ciudad tales como “Chopibatan”, “El Tanque”, “Runtu” etc. y también se aprobó la partida presupuestal para que la calle en mención se instalara de inmediato la iluminación más adecuada.

A los pocos meses de culminada la obra de electrificación, se realiza con gran pompa  la inauguración pertinente. Pasadas algunas semanas, el Sr. Alcalde y su Regidor deciden, sorpresivamente que a las 8.00p.m., irian a dar una vueltecita por la Calle recientemente iluminada y ganarse las gracias de los vecinos. Pero cual sería la mayúscula sorpresa que tuvieron, cuando al llegar al sitio y hacer un pequeño recorrido por la susodicha calle, se encontraron no con uno sino con muchas personas -entre ellos varios regidores y empleados del Concejo Municipal- quienes ordenados en fila india estaban leyendo sus periódicos, pero, con el pantalón abajo y en posición de hacer sus necesidades básicas; es decir que, ni el edicto Municipal, ni la obra de iluminación, habían servido para disuadir a los usuarios de la calle para que vayan a otro lugar a realizar sus necesidades fisiológicas, motivo por el cual don Reynaldo exclamó ¡ CARAJO MANUEL, HEMOS FRACASADO! ¡ AHORA HAY MAS CAGONES QUE ANTES!!!! pero, he allí que tuvieron otra sorpresa cuando seguidamente los “avituales” concurrentes al lugar, les salieron a agradecer por la perfecta iluminación de la calle, y además sonriendo “sostenían” en coro que ¡ LA OBRA ES UN VERDADERO ÉXITO ! porque a la vista estaba que ayudaba a incrementar la “cultura” de las personas, pues ahora,  ellos se podían dedicar  más tiempo a la lectura. Hasta pronto

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