Anecdota:Ir al matrimonio sin invitacion

IR A MATRIMONIO SIN INVITACION

Por: Fortunato Mendez Melgarejo

   Estando ya por terminar la Educación Secundaria ( 1,965), un grupo de amigos de la promoción estábamos atraídos “platónicamente” por algunas bellas damas del colegio, quienes para coincidencia eran de una sola familia.

 Dice el dicho “Pueblo chico, infierno grande”, como Yungay era una ciudad relativamente pequeña no había prácticamente secretos que ocultar, más si se trataba de “tu futura familia”, porque en el ambiente corría la noticia de que en dos semanas contraería matrimonio la hija del “tío”, un señor muy apreciado y que se había avecindado hacía muchos años en la ciudad, a quien cariñosamente lo llamábamos por su nombre: “Don Alfredo”.

 Es del caso, que este señor a nosotros no nos conocía y presumíamos que era muy celoso por lo que tratábamos de pasar inadvertidos por él, pero rondábamos su vivienda por la noches para observar y/o flirtear a sus sobrinas, intuyendo que a nuestro paso, con toda seguridad, se sonrojaban; sin embargo, el acercamiento era muy difícil por la guardianía titánica que empleaban sus familiares escolares como nosotros, en especial su primo “Willy”, pues conocían casi todas nuestras artimañas.

 Entonces el enlace matrimonial nos caía como anillo al dedo, pues suponíamos que podríamos confundirnos entre los invitados, pero no contamos con que a ninguno de nuestros familiares mayores de edad les habían formulado invitación alguna, reduciéndose considerablemente las posibilidades de ingresar a la reunión.

 En el transcurrir de los días, buscamos afanosamente una fórmula que nos permitiera participar en la fiesta, la preocupación iba en aumento al no encontrar una solución con prontitud, sobre todo por faltar ya menos de una semana para el acontecimiento esperado, hasta que de tanto intercambiar ideas y analizar los pro y los contra, nació la probable y única solución, un tanto arriesgada.

 ¿En qué consistía el plan? Pues que “El Chino”, uno de nuestros amigos , debería proporcionar su tocadiscos, “último modelo” según él, comprometiéndonos a ayudar con el traslado del equipo que pesaba unos treinta kilos, además de la batería, los discos de carbón antiguos y otros accesorios para que funcionara el aparato musical. Precisamos también que iríamos bien elegantes y con corbata (en aquél tiempo, para algunos era un tanto difícil tener un terno). Tal vez, debido a que mi tío Paulino era músico, a mí me encargaron que averiguara la hora en que se presentaría la Orquesta de Cuerdas que habia sido contratada para amenizar el ágape.

 Conociendo que los músicos estarían desde las ocho de la noche y que habían sido contratados por tres horas; llegada la noche de la boda tuvimos que enfrentar la realidad: Nos reunimos en la vivienda de “El Chino” a eso de la 7.0 p.m., a no más de una cuadra del lugar de la fiesta, luego nos sorteamos los turnos para observar el local, esperando el momento en que no estén ni el “tío”  ni los sobrinos, lo que entendíamos seria el momento más aparente para entrar al local del agasajo.

 Serían aproximadamente las siete y media de la noche, cuando caminamos hacia el lugar de los hechos; llevando cada uno nuestro cargamento, nos paramos en la puerta y al intentar tocar la misma, un señor que hacía de vigilante-portero nos preguntó: ¿Que hacen con tantas cajas?, como aun no había llegado la Orquesta de Cuerdas, fue fácil explicar que eran “equipos musicales para la fiesta del matrimonio”, al escuchar éstas palabras inmediatamente y en forma rápida nos hizo pasar al salón más grande de la casa, donde dicho sea de paso, estaban ya reunidos los familiares y amigos de los contrayentes, y  para mayor contento, estaban también nuestros adorados tormentos.

 Es así que instalamos el susodicho aparato con la velocidad de un rayo, luego en calidad de “prueba” pusimos un par de valses, encontrando respuesta rápida entre los concurrentes y nosotros mirándonos de reojo sonreíamos creyendo haber entrado con buen pié a la fiesta así como que teníamos el terreno abonado para divertirnos a lo grande. Pronto llegó la Orquesta de Cuerdas, los que tocaron hermosos huaynos, ganando la preferencia de los invitados, quienes de rato en rato nos  pedían les intercalemos nuestros valses mas no otros ritmos.

 Nosotros habíamos bailado algunas piezas, hasta que la Orquesta de Cuerdas terminó su contrato, entonces, cerca de la media noche, acordamos al unísono que a partir de esa hora, la noche era nuestra, por lo que decidimos imponer canciones en ritmo de bolero, y para variar, de diferentes autores y cantantes. Claro está que cuando se cambió al ritmo romántico, los únicos que bailaban en el gran salón éramos nosotros,¡Como si nosotros fuéramos los agasajados!, en éste lapso, mientras el “tío”, departía en el interior de la casa con otro grupo de invitados, habríamos bailado unas diez piezas, cuando algún aguafiestas, sospecho yo uno de los primos, se fue a quejar donde el “tío”, argumentando que “ los invitados del salón estaban descontentos porque ya no se tocaban huaynos ni valses”; es allí que sale Don Alfredo para solucionar el impase, dándose con la sorpresa que la música que se estaba tocando ya no era de la orquesta contratada, y, viéndonos bailar solo a nosotros, nos preguntó severamente: ¿ Y a Ustedes quien los ha invitado?!, a lo que por toda respuesta, agachamos la cabeza avergonzados, como si hubiéramos cometido un gran delito, dirigiéndonos automáticamente a desarmar el equipo musical, para salir raudos y ganar la calle con nuestro cargamento, como si alguien nos persiguiera a punta de latigazos.

 Ya en las postrimerías de su vida, le hice recordar a Don Alfredo ésta historia un tanto traviesa ocurrida hacia mas de tres decadas, manifestándole que yo había participado en aquella palomillada, a lo que me manifestó riéndose, porque así era su carácter, que si nos hubiéramos franqueado desde un inicio, él nos habría recibido con los brazos abiertos para gozar “todos juntos” de la ceremonia y la fiesta, ¡Increíble!, pero así fué.

 En este asunto, por la sorpresa y el ofuscamiento, prácticamente no logramos nada.

 Personajes de ésta historia:

Don Alfredo ….  Sr. Alfredo Blanco ( Fallecido en Lima en 1999)

Willy……       Sr. Wellington Escudero (Adm. Clínica Ricardo Palma – Lima,1999)

El Chino…..     Sr. Sergio Ramirez, vive en Lima

                                                         <<retornar< a=””>

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