Anecdota: La Faena que terminó en tragedia

LA FAENA QUE TERMINO EN TRAGEDIA

Por Francisco Mendez Melgarejo

 

Desde hace siglos, los Yungainos hemos querido lo mejor para nuestra tierra, siempre hemos creído que con nuestro esfuerzo podemos lograr lo que queremos, sin esperar nada de los sucesivos gobiernos, es así que antes del sismo alud del año 1970, era la propia comunidad la que contribuyó decididamente para construir el Hospital, la Iglesia matriz, la carretera a Llanganuco, el mercado, puentes y caminos, la plaza de armas, el cementerio, y hasta la educación se veía reforzada gracias a la renta que generaba la donación(*) de la Ilustre Dama Doña Inés  Salas de López Villoso en el año 1,614.

 A inicios del año 1,958, la Escuela Primaria # 370, bajo la conducción del Profesor Don Justo González Melgarejo, tenia una plana docente joven y dinámica, quienes habían elaborado un Plan de Desarrollo para su escuela con el objeto de convertirla en la mejor de la Provincia y del Callejón de Huaylas.

 Para  hacer realidad  el proyecto, los profesores convocaron a los padres de familia para primero exponerles las ideas y después hacerlos participes en la elaboración del Plan de Obras y su  posterior ejecución. En las reuniones se determinó que el Plan de desarrollo seria a mediano plazo(máximo a 5 años) y comprendía la construcción de modernas aulas, auditorio, servicios higiénicos, campos deportivos y biblioteca.

  La mayoría de los padres de familia se entusiasmaron con los objetivos del proyecto,  y cada uno de ellos  comenzaron a ofrecer su apoyo generoso a un Comité de Construcción nombrado para tal efecto, ya sea en forma de trabajo, en dinero, en bienes, en materiales de construcción, y su colaboración para organizar eventos culturales y kermesses con el propósito de conseguir una fuente mas de financiación para las obras.  Como los miembros de mi familia poseían un frondoso bosque con cientos de arboles de eucalipto localizados al lado oeste de la ciudad ( Barrio de Utcush), decidieron colaborar con la donación de arboles de eucalipto que serian utilizadas como vigas para techar los nuevas construcciones.

 La ejecución de la obras se inició con la construcción de las aulas, por lo que era también necesario que debían talarse lo arboles para lograr su secado y conversión a vigas de  madera justo a tiempo. Los Jóvenes profesores le dijieron a mi abuelo Elías Melgarejo que no se preocupara por el talado de los arboles, que solo les prestara sus herramientas – sierras y hachas – y que ellos los podían cortar en FAENAS DOMINICALES, tarea  que para ellos significaba  cambiar de actividad y tomar un día de campo semanal con sus respectivas familias.

 

La faenas dominicales comenzaron pronto, por lo que muy temprano los domingos grupos de familias se trasladaban a la cabecera del bosque, lugar llamado Huiscorcoto, donde instalaban sus rústicas cocinas, comedores y campos deportivos donde los niños  y niñas se dedicaban a jugar al fútbol o voleibol, conformado un cuadro de trabajo voluntario con actividades familiares llenas de alegría, belleza y confraternidad. Los jóvenes profesores habían aprendido pronto la técnica de cortar los arboles, pero un domingo la colorida faena se convirtió en tragedia, porque al cortar un gigantesco árbol de Eucalipto en forma imprevista la dirección del viento cambió y el árbol que debería caer a un  lugar prefijado, giró en 45 grados y por mas precauciones que se habían tomado, una de las ramas al caer golpeó fuertemente al profesor HUMBERTO “CACHETE” BAMBAREN, quien falleció instantáneamente.

 Después del triste velatorio del voluntarioso profesor, al día siguiente toda la población Yungaina acudió  al entierro para dar el ultimo adiós a uno de sus hijos.

 Por esta tragedia, mi abuelo fué encarcelado por ser el propietario del bosque pero los miembros del Comité de Construcción se apersonaron a la Comisaria para manifestar que “Don Elías no tenia ninguna responsabilidad” liberándolo inmediatamente de su confinamiento; sin embargo un sentimiento de culpa acompañó a mi familia durante años, en especial a mi abuelo, porque conocía lo peligroso que era trabajar como talador de arboles  y porque veía que el difunto profesor había dejado un  futuro incierto para su joven esposa y sus huérfanos.

 Pasado éste trágico suceso, los profesores, padres de familia y estudiantes se cohesionaron mas y reiniciaron la obras con mayor convicción para la ejecución de las construcciones, y poco a poco convirtieron en realidad los sueños que habían compartido con el profesor Bambarén, en cuya memoria escribo estas notas.

 PD.

(*) Las donaciones comprendieron las haciendas de Chorrillos (80has) y Santa Catalina (100 has).  El Ministerio de Guerra se apropio injustamente del fundo Santa Catalina, el que hoy en día está en situación de abandono, por lo que el Concejo Provincial, debería insistir en reclamar su devolución por ser el propietario.. Con el aporte de dichos bienes la Comunidad Yungaina, podría promover la creación de un Instituto Agropecuario y Turístico con tecnología de punta y realizar convenios de becas con alguna  prestigiosa Universidad a cambio del uso del terreno.

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