Articulo: RUNTU MAGICO

RUNTU MÁGICO.

Por Abdon Figueroa Morales (*)

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Runtu significa granizo y huevo en español. Runtu es un promontorio adherido a un cerro grande llamado Atma, es un paraje que se eleva al lado noreste de Yungay Antiguo, el Yungay que mucho añoramos hoy.
Runtu es un símbolo de Yungay, es un icono urbano por su proximidad a la ciudad, por su particularidad geográfica propia y por las mil y una historias y anécdotas que en sus lomas han sucedido.

Su acceso era fácil; bastaba caminar hasta el final de cualquier calle que se direccionaba a él y en el siguiente paso, cruzando una quebradita, ya estabas en Runtu caminando por una precaria vía o creando tu propio sendero. Se caminaba entre abrojos, muchos arbustos, uno que otro árbol, espinas, pencas, cientos de lagartijas y miles de saltamontes que te daban la bienvenida y se hacían a un lado y unas cuantas culebras y coralillos tímidas e inmóviles, observando fijamente a los “extraterrestres”, a nosotros, los invasores de su mundo.

En todas partes del mundo florece el amor y el amor es un sentimiento incontrolable, nadie ha podido con él. Pero en los tiempos precedentes no estaba permitido socialmente exteriorizarlo, nadie podía darse un beso o tomarse de la mano a menos que fuesen casados; el novio podía visitar a la novia en su casa, hasta la sala y con la suegra orejeando detrás de la puerta y obviamente esto no le convenía a ningún amante, se sentían maniatados. Hecha la ley hecha la trampa –como siempre –
y aquí aparece en escena nuestro emblemático Runtu. Aprovechando la siesta u otro quehacer social de los padres, salían ellos de sus respectivas casas a la hora convenida mediante un papelito que alguna diligente celestina había facilitado, pues como se imaginarán no existía aún el bendito celular, no había whatsapp. Iban a Runtu por calles diferentes para que la gente no sospeche, iban sin voltear para no delatarse, iban furtivos pero ansiosos, con las hormonas revueltas, con la adrenalina a mil, con ganas de amarse y fundir sus ansias contenidas. Una vez llegados al sitio, elegían el lugar más bonito y más escondido y allí, recostados, sentados o de pie, con susurros y palabritas al oído se prodigaban los besos y caricias que el murmurar de la gente, en el pueblo les negaba.

Dichosos los enamorados, que en su rústico nidito de amor sus efluvios intercambiaban, cruzando sus promesas, sellando sus amores, matando los chismes que arteros e intencionados, siempre habían. Cupido feliz tañendo las notas y versos que Ovidio había olvidado, lascivia en flor, deseos de ambos de pasar la raya, pero no… que va a decir la gente si se entera. Dicen que los amores a escondidas aquellas que rozan con el peligro o están dentro de  lo prohibido, son los más ricos, más emocionante, son mágicos. Y Runtu tenía esa magia, la de hacer realidad la consumación de los amores de los muchachos yungaínos. Runtu tenía ese poder de atraer por sus caminos al amor no admitido y cobijarlo bajo el manto del amor consumado. También tenía el poder de descubrir los emparejamientos más secretos, los que nadie sabía; tenía el poder de destapar infidelidades cometidas y posiblemente de algunas rupturas de amores precarios.
Ésta era la magia de Runtu, cobijo y testigo de miles de amores, celestino mudo e inmóvil de incontables historias. Dicen también que fue escenario de otras épicas actividades, (eso me lo contó el amigo de un amigo de quien no recuerdo su nombre), pero eso es harina de otro costal. Voy a buscar al amigo de mi amigo, para que me los cuente otra vez y yo se los paso.

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>(*) Abdon Figueroa Morales, es integrante de la Promocion 1969 del Colegio Santa Ines de Yungay. Autor del libro denominado “Los Elegidos”, publicacion dedicada a Yungay con algunos articulos y poemas de su autoria..

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